El 'Negro' Salazar


La muerte de Jorge Salazar (68), tal vez el más notable cronista policial del periodismo nacional sorprendió a este Búho. El 'Negro' Salazar era un escritor que ingresó al periodismo para darle una categoría literaria. Desde las páginas de 'Caretas', en su época de oro. Lo conocí personalmente en el verano de 1992. Cuando trabajé con él en la revista 'Éxito', de Juan Carlos Tafur. Pero al 'Negro' yo lo seguía desde adolescente, a través de sus notables reportajes. Se sorprendió que hubiera leído su 'Ópera de los fantasmas' (1980), sobre la tragedia del Estadio Nacional. Pero sobre todo, 'Poggi: la verdad del caso' (1987), ya que compré ese número de 'Caretas', donde Salazar contaba que llegó a la revista un individuo estrambótico y los guachimanes no lo dejaban entrar. Lo sacaban a empellones cuando entraba el 'Negro'. 'Yo sé quién es el descuartizador' -gritó el hombre-. En esa época, varios pedazos de cuerpos femeninos aparecían en los basurales de Lima. Salazar lo hizo pasar y le invitó un lonche. Era Mario Poggi, quien lo llevó al local policial donde fungía de psicólogo de la PIP. Allí, Salazar y su fotógrafo ingresaron y Poggi sacó a Díaz Balbín y pretendió hipnotizarlo. Luego lo desnudó allí, frente al cronista. El 'Negro' me contó esa historia. 'Caretas' se agotó: ¡La policía había capturado al asesino en serie! Esa noche, pletórico de protagonismo, Poggi asesinó a Díaz Balbín. Era de los que teniendo una cultura vasta y erudita, sabía conversar, pues instruía a los jóvenes. En el ambiente periodístico cosechaba envidia, algunas por las mujeres con las que andaba. En ese tiempo su pareja era una chibola de ascendencia árabe, con bellos ojos de gato en la oscuridad, con la que algunas veces tomábamos chelas entre conversas sobre fútbol, literatura, recetas de cocina y anécdotas de su experiencia sobre el 'jet set', gracias a su matrimonio con la bella modelo inglesa Moombeam. De genio difícil, a muchos les resultaba insoportable. Este Búho lo veía como el ejemplo del hombre de poquísimos amigos y sí muchas amigas. No valoraba la riqueza material, sino lo que vivió en tantos viajes por el mundo, tantas lecturas y oficios. Su verdadera profesión fue la de un hombre que quería vivir. Que vivió la vida como quiso. Amado y odiado. Y siempre envidiado, buscando la belleza y juventud para su alma de Pigmaleón. Nunca se apartó del periodismo y murió sin riquezas. Su hija lo cuidó en sus últimos días y murió seguramente feliz a su lado. En sus últimos días, como un Quijote, bregó por una causa justa y necesaria para el país: la defenestración de Manuel Burga de la Federación Peruana de Fútbol. Adiós, 'Negro'. Apago el televisor.

Diario El Trome / junio, 2008.