El cantar de las cenizas de Salazar

Por Carlos Cabanillas

‘Coco’ Jorge Salazar, en el 87, destino de la admiración de su esposa, la modelo inglesa, Moonbeam

Todo personaje es un conflicto. Todo personaje busca resolverlo: he ahí el móvil. Algo debe ser eliminado o ser conseguido. Recapitulando: hay un conflicto, ergo un móvil, uno o varios delitos, una o varias muertes metafóricas o reales: da lo mismo. Algo muere en toda historia. Hamlet, Edipo Rey, Jesucristo, el Jesucristo de Los Papeles de Damasco (2006). Jorge Salazar tiene razón: las historias son policiales. La suya también. 

Quienes lo conocen más aseguran que siempre estuvo rodeado de mujeres hermosas. La belleza y la muerte, siempre de la mano. La gastronomía, ese refinado policial donde la víctima va en el plato, es otra de las muchas pasiones de Salazar. Editó y escribió en forma colectiva La Academia de la Olla (1995), y luego se embarcó en sus sibaritas Crónicas Gastronómicas (2004), libro que ganó el Gourmand World Cookbook Award 2005. Ahora come menos, mucho menos. “Lo que te da la vida te la puede quitar, según la dosis”, dijo alguna vez sobre un medicamento que tomaba para su corazón. 

Más lejos de la cocina, mas no de la sangre, logró terminar este año su saga de muertos, sin heridos o contusos. Su ambiciosa obra en cuatro tomos, Historia de la Noticia, es un velado best-seller: A sangre y tinta (1996), La guerra y el crimen (2001), De matar y morir (2004) y La sangre derramada (2007). Un repaso de crímenes pasionales, familiares y duelos (“Todo honor se paga con sangre”, decía el Mamoru Shimitzu de su novela La medianoche del japonés) . Cuando quiso escribir menos, lo hizo mejor: en 1980 ganó el premio Casa de las Américas por su novela La ópera de los fantasmas, ambientada en la tragedia del 64 en el Estadio Nacional, a la que sobrevivió.

También participó en la revuelta de Javier Heraud (Piensan que estamos muertos, al alimón con Alain Elías), y la sobrevivió sin perder su amor a la vida y al deporte rey. Compiló 11 Historias de Fútbol (2000) y escribió los 50 años de Sporting Cristal. Sobrevivió, finalmente, a ser editor de CARETAS (“definirla sería como intentar traducir al japonés el canto de los pájaros”), donde entre notas de política internacional y leyendas urbanas supo cosechar el eterno policial, que se hizo libro en 1987 con Poggi: la verdad del caso.

Fue y es catedrático e investigador en la Universidad de San Martín de Porres. Fue redactor de Der Spiegel de Alemania y Cambio 16 de Madrid. Es decir, viajó. Y actuó, bailó, amó y escribió. Y escribe, y espera terminar El cantar de las cenizas, novela sorpresa. Y vive, como en un policial inconcluso.

Revista Caretas, diciembre 2008